miércoles, 13 de abril de 2011

¡CIERREN ESE ROTO!


La verdad, lectores míos, es con el hígado realmente irritado que escribo estas líneas. No sé cuantos de ustedes vivirán, como yo, cerca de algún estadio de fútbol. Para los que si, ya saben a lo que me refiero; para los que no, les diré...¡que es un infierno! Lastimosamente, en este país habrá de todo, menos cultura o por lo menos una idea aproximada de lo que es realmente el deporte, para demostrarlo, les ilustraré la situación que vivimos en el barrio.

La mayor parte del tiempo, el ambiente y digamos "la situación de orden público" en el barrio es normal. Pero eso no es sino que haya un partido para saber lo que es bueno: primero, las tanquetas, los caballos (la policía montada de Bogotá), las filas y filas de antimotines, alineados tanto en el estadio como en la calles, contra los muros y las fachadas de las casas. En otras palabras, el barrio, una zona RESIDENCIAL, se militariza como si estuviéramos en Zona Roja. Y ¿por que tanto alboroto? se preguntará el lector que tiene la inmensa fortuna de no vivir cerca de un estadio. Pues por la segunda razón: los hinchas

¿Quienes son los hinchas? Una gleba de ñeros, guisos y gañanes que no tienen ni la más remota idea de lo que es la convivencia ciudadana, el respeto, el civismo ni...bueno, de nada distinto al fútbol. Suelen ser de acá pero también los hay que vienen de otras ciudades a nada menos que mendigar para poder entrar a ver el partido. Eso en el mejor de los casos: ya se ha sabido de varios muchachos que han sido atracados por estos sátrapas a pocos pasos de sus casas, por los que vienen de afuera y por los que son de acá, por igual.

Tras ellos, vienen los vendedores, sobre todo de minutos a celular o de golosinas y, en los días que siguen al partido, el barrio entero queda tapizado de basura, botellas, papeles y, para colmo, bosta de caballo. Así que, a esta altura, creo que sobra decir que salir a la calle cuando hay un partido es horrible. Es horrible tener que caminar entre tanquetas y caballos; es horrible estar muerto del susto entre toda esa ñeramenta y esa indiamenta, pensando en qué momento se salen de control, o en que momento lo atracan a uno o le hacen algo peor. Además, con el tiempo, la seguridad en el barrio se ha deteriorado progresivamente, independientemente de que haya partido en el estadio, pero principalmente por el estadio.

Y para completar, la cereza del helado: usan unos reflectores inmensos que, consumen tal cantidad de energía, que están empezando a afectar el fluido eléctrico en las casas: hoy hubo dos bajonazos de luz antes de que se fuera definitivamente a las 7 p.m. Osea, se me reinició el computador dos veces seguidas.

En resumidas cuentas, mi barrio, que solía ser un barrio bonito, aseado y seguro...se está dañando por culpa de ese puerco estadio. No bastaban con los bares, los moteles, las licorerías y los rumbeaderos: nos pusieron un estadio, un estadio que es un verdadero dolor de cabeza que quien sabe hasta cuando nos lo tendremos que aguantar porque nuestro benemérito alcalde ha demostrado ser tan útil y eficiente como un cenicero en una motocicleta así que dudo mucho que en el último año de su vergonzosa y desastrosa gestión, se haga algo al respecto.

Pudieron hacer una clínica, un colegio, una escuela, un centro comercial o un parque de diversiones pero ¿ya les había contado que vivo frente a un estadio? Pues si, vivo frente a un estadio que no trae sino problemas y es por eso que pido, con todas mis fuerzas, que cierren ese roto hediondo y, como no sea por una BUENA causa, no lo vuelvan a abrir J A M Á S.
  

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