sábado, 9 de abril de 2011

FURIA IMPLOSIVA


Por estos días, el mundo entero anda conmocionado y consternado por lo ocurrido en una escuela de Río de Janeiro, Brasil: un demente de 23 años de edad, y que además estudió en dicha escuela, ingresó hace unos días y abrió fuego contra los estudiantes, indiscriminadamente; acto seguido, se suicidó.Once niños murieron y varios resultaron heridos. Brasil está de duelo.

Aún poniendo de lado lo obvio, a saber, que este tipo de hechos violentos, que son el pan de cada día en escuelas de Norteamérica y Europa (el Primer Mundo), son paradojicamente inusuales en regiones en vías de desarrollo como América Latina, Asia y África (el Tercer Mundo), aún desestimando ese hecho, hay algo más de vital importancia, el detonante, el factor desencadenante de este tipo de hechos: la furia implosiva.

En los casos que, como menciono anteriormente, ocurrieron en su mayoría en los Estados Unidos, el atacante es  una persona que, por diversas razones, se siente frustrada, decepcionada o tratada injustamente por una persona o una empresa o compañía, motivo por el cual se llena de ira; una ira asesina que lo lleva a hacer justicia por su propia mano: consigue un arma, se dirige hacia la compañía que tanto odia o el sitio donde se encuentra su ofensor y dispara indiscriminadamente contra todo el mundo. Raras veces dispara exclusivamente contra su blanco; su furia, una vez explota, no hace ningún tipo de distinciones.

El atacante normalmente puede ser recordado de dos formas: una persona trabajadora, recta, formal y muy profesional que se puede clasificar como "normal"...aunque tal vez demasiado paciente; es usual que aguantara malos tratos, burlas, humillaciones y atropellos de diversa índole, sin chistar...hasta ese día. Otros atacantes, sin embargo, son recordados como unos "bichos raros", personas extrañas, calladas, antisociales y con ciertos rasgos psicópatas. En cualquier caso, se trata de personas que han sido presionadas y han sido víctimas de un trato injusto más allá de su resistencia.

Si se piensa detenidamente, no son personas muy distintas de las que conocemos...ni de nosotros mismos. Todos, a lo largo de nuestra vida, debemos aguantar cualquier cosa: humillaciones, decepciones, regaños, burlas, los cambios de humor y la menopausia de los demás y tratos injustos de toda clase. La diferencia está en que algunos aguantan más que otros y que no todos somos víctimas de las mismas cosas ni con la misma frecuencia e intensidad.

Como lo que decía Jack Nicholson en "Locos de Ira": "Hay dos tipos de furia: la explosiva (el tipo que le grita al cajero de una tienda de helados) y la implosiva (el cajero que un día se harta, toma una escopeta y mata a todos los presentes en la tienda de helados)" Ahora, ¿cual tipo de furia es la más destructiva?

En cierta ocasión, El Sardino me confesó algo que me inquietó bastante: me confesó que en los primeros semestres de universidad, tuvo el "infortunio" de terminar inmerso en un grupito de supuestos "amigos" que resultaron tratándolo pero que el trapo con el que se baja la olla del fogón: lo rechazaban, lo excluían, se burlaban de él, lo mandaban y hacían planes sin tenerlo en cuenta. Al saber eso, me indigne, porque El Sardino es un muy buen muchacho y de por si nadie merece que lo traten de esa manera, pero él menos que nadie. Además, su triste historia me hizo recordar mi propia experiencia con los petardos que conocí el primer semestre. En ambos casos fue duro y en ambos casos nosotros tuvimos nuestra parte de responsabilidad: si nos hubiéramos valorado lo suficiente a nosotros mismos, no habríamos sentido la necesidad de estar tan mal acompañados pudiendo contar con nosotros mismos al menos mientras aparecían amigos de verdad en nuestras vidas.

Pero bueno, el punto es que este tipo de situaciones, a igual o mayor escala, son las que desatan este tipo de tragedias. Ni El Sardino ni yo les hicimos nada a esas ladillas: simplemente les dejamos de hablar. Hicimos de"mejor solo que mal acompañado" y el famoso "lo que no sirve, que no estorbe" nuestros lemas y eventualmente el destino quiso que nos conocieramos y nos hicieramos buenos amigos. Pero no pocas personas en nuestra misma situación, habrían conseguido un arma y habrían abierto fuego contra esas personas. En ese sentido, recuerdo lo que decía un profesor en el colegio: "Los seres humanos somos como piletas: todos los días o de vez en cuando, nos cae una gota y otra, y otra, y otra. La gente cree que no pasa nada, que la pileta es muy grande y puede aguantar. Pero un día, cae la gota que la hace rebosar y explota"

Esa gota puede ser letal.

Ahora las preguntas que nadie quiere hacerse: ¿será que bajo ciertas condiciones uno, que es tan del común y tiene una vida tan normal, haría una cosa como esa? ¿hasta donde llegan mi paciencia y mi resistencia? ¿que tanto puedo aguantar? Y uno no tarda mucho en preguntarse lo mismo de los demás, las personas que nos rodean: jefes, vecinos, compañeros de trabajo, amigos o simplemente las personas con las que nos cruzamos en nuestro diario vivir.

Las respuestas es mejor no saberlas; lo que si es mejor, es vivir bien, recordar que los demás sienten y no reprimir nada: es bueno decir las cosas, exteriorizar lo que sentimos, expresar nuestra opinión...pero sin exagerar, que el cajero de la tienda de helados, calladito y todo, pero se puede ofender.

 

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